La emergencia de la Posverdad y la práctica de la Desinformación

Un nuevo concepto que se pone de moda. Posverdad, la palabra del año, a caballo de las prácticas electorales desarrolladas por el recién elegido nuevo presidente estadounidense, Donald Trump a lo largo de la campaña electoral. El tremendo efecto que causan las mentiras en los ciudadanos, en los electores, mucho más allá de la denuncia de estas prácticas. Y el gran beneficio que se consigue con esas prácticas. La desinformación al poder.

La táctica consiste en difundir una serie de rumores, plenos de inexactitudes, cuando no directamente falsedades, en torno a los competidores. Gracias al apoyo de miles de seguidores en las redes sociales, o directamente de bots, la falacia se difunde de manera espectacular y muy rápidamente. Esta actividad genera un gran engagement muy rápidamente, con la consecuente redifusión que, en muchas ocasiones, readapta el mensaje original, vía meme’s, por ejemplo, aportando nuevas creatividades, plagadas también de inexactitudes, pero muy graciosas. La mentira se reproduce de manera viral alcanzando altísimas proporciones de difusión y contagiando amplias capas de la población. Muchos receptores, impactados a través de las emociones y los sentimientos que les despiertan, no reflexionan sobre la veracidad o no de esa información.

Tradicionalmente la comunicación entre emisor y receptor ha ‘corrido’ a través de los medios: los periódicos y los medios audiovisuales. La observancia de una correcta práctica periodística, en busca de la verdad, del contraste de fuente y de la confirmación de datos, a menudo impide que estas artimañas perversas consignan su objetivo. Sin embargo, en ocasiones, algunos medios de comunicación devienen actores en la retransmisión de esas falacias debido al debilitamiento de la obligación de contrastación de los hechos que relatan. El alto componente de rating que aportan muchas de esas mentiras, cargadas de elementos espectaculares, incitan a los profesionales de la comunicación a utilizarlas con una clara apuesta por el infotaintment.

Pero con el desarrollo de las TIC, el advenimiento de los nuevos medios y la popularización de las redes sociales, elementos todos ellos propios de este inicio del siglo XXI, los emisores ya no precisan de intermediarios para impactar en los receptores. La información se transmite sin los necesarios “controles de calidad” que aporta el profesional de la materia.

Este tipo de actividades entran de lleno en el campo de la desinformación. Una buena definición de ese concepto la aportan Shultz y Godson: “Información deliberadamente falsa, incompleta o errónea, diseñada para engañar y desorientar… para manipular personas o grupos predeterminados y crean la falsa información” [1].

Cuando la parte afectada, obligada a reaccionar, intenta establecer la verdad de los hechos, esta comunicación reactiva se difunde de manera mucho más lenta y con menor viralidad, de tal manera que una gran parte de las personas impactadas inicialmente se quedan exclusivamente con la versión primigenia, la incorrecta.

En consecuencia, si la ética es escasa, o brilla por su ausencia, esta práctica comunicacional basada en la mentira proporciona extraordinarios réditos. En el ámbito electoral, la velocidad a la que se desarrollan las campañas y, en ocasiones la brevedad de estas, impide que los electores lleguen a ser conocedores de este tipo d engaños. Su decisión de voto acaba siendo influida por un sinfín de mentiras sin que la posterior verdad llegue a impactarles. Por tanto, sale a cuenta mentir y no se paga el castigo que ello implica. Toda una tentación para muchos spin doctors, asesores y estrategas políticos que, en pos del fin último, apuestan por estas prácticas. Lo que importa es conseguir ganar. No importa cómo.

Frente a estas estrategias espurias la manera más adecuada para enfrentarlas, a mi modo de ver, es la capacitación mediática y alfabetización comunicacional de los ciudadanos de tal manera que puedan detectarlas, neutralizarlas y rechazarlas.

Doctor Joaquim Marquès

Twitter: @Quim_Marques

La revolución BIG DATA. Una apuesta por mejorar la experiencia de los consumidores

El Mobile World Congress, el evento anual más importante del planeta sobre comunicaciones inalámbricas móviles y negocios, que se celebra a principios de año en Barcelona, es el escenario donde el banco BBVA desarrolla pruebas de big data. La primera, en 2012, se centró en analizar el impacto económico del Congreso en la ciudad mediante el análisis de las transacciones realizadas con el dinero de plástico. El uso de tarjetas de crédito fue examinado antes, durante y después del certamen para determinar los lugares y horarios donde se generaba más movimiento, una información muy útil para que muchas empresas ajustaran sus acciones de márquetin y ventas.

Es un ejemplo de cómo el big data ayuda a mejorar el negocio. Su aplicación se puede ampliar a múltiples sectores. Pensemos en el mundo de la restauración, la venta de coches o el consumo estacional de productos de temporada. Todos ellos susceptibles de utilizar esas informaciones. Mediante la recolección de datos se consigue una gestión más eficiente y se mejoran los ratios del negocio. También podemos pensar en múltiples utilidades para el consumidor: se posibilita crear ofertas personalizadas, optimizar la experiencia del comprador o usuario, reducir los tiempos de espera…

Turismo Madrid es otro claro caso de utilización de los datos para la mejora de la actividad comercial en la capital de España, también de la mano de BBVA. Los datos pudieron visualizar como un evento singular: el Día del Orgullo Gay, por ejemplo, aumentaba un 24% las ventas en diversas zonas de la ciudad.

Gracias a las TIC las empresas están acaparando un gran volumen de datos. Ya no solamente de sus clientes actuales, de los potenciales o de los de la competencia, sino de aspectos que tienen que ver con toda la cadena de valor del negocio. Desde el propio producto, la fijación de precios, el comportamiento de los canales de distribución en cada momento, o las mejores promociones para cada segmento y territorio. Estamos de lleno en el mundo del big data, o como se le conoce más técnicamente: el procesamiento masivo de datos. La compilación de enorme cantidad de datos, gracias al avance de la tecnología que, de otro manera, sería imposible de visualizar apra la mente humana.

El ámbito de aplicación es enorme. Telefónica I+D y el Fútbol Club Barcelona iniciaron hace unos años una colaboración en esta línea, un proyecto pionero, a medio camino entre el análisis de datos y la teoría de redes, según relata Future Trends Forum de la Fundación Innovación Bankinter, para determinar patrones de juego y conocer las jugadas más óptimas dentro del terreno de juego, gracias a la predictibilidad de las jugadas, con la intención de conservar el máximo tiempo posible la posesión del balón.

No es el único. Otros equipos de fútbol como el Borussia Dortmund, el Benfica o el Real Madrid, han decidido investigar en esta dirección. Así, podemos relatar experiencias como la del footbonaut que ayuda a los profesionales del fútbol a optimizar sus pases, a prevenir sus lesiones, a estimular su potencialidad o a reaccionar en menor espacio de tiempo… En esta línea, existe incluso una película que ficciona este tipo de realidades: Moneyball: Rompiendo las reglas, donde los ojeadores son substituidos por estadísticas. Hoy en día la tecnología big data es utilizada a gran escala tanto en la NBA como en la NFL americanas.

Pero el fenómeno escapa al mundo estrictamente empresarial. Abasta campos como el de la política, la salud, la educación o la ciencia. En 2012, los spin doctors del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, decidieron crear un grupo de analistas (medio centenar), dentro del equipo de campaña exclusivamente centrado en al búsqueda e interpretación de la multitud de datos que se recibían. La intención era doble: obtener aquellos que sirvieran para persuadir a los votantes dudosos, y asegurarse que los fieles fueran a votar. Se consiguió detectar esos nichos y cuáles eran los mensajes publicitarios que mejor funcionaban mejorando de esa manera el impacto y la segmentación.

Es muy previsible que en los próximos años se consolide un fabuloso negocio en torno a los datos, hasta el punto que se ordene este mercado de una manera estructurada, tal como en su día sucedió con otros bienes y valores (el mercado de Futuros y Opciones, las Lonjas de cereales, de metales preciosos, de acciones…). La pregunta no es si pasará. La cuestión es cuánto tardará en suceder.

Doctor Joaquim Marquès

Twitter:@Quim_Marques

La publicidad transmediática y el uso de las redes sociales

Inmersos ya de pleno en la era digital, la aseveración de que ‘el cliente es el rey’ cobra la máxima dimensión gracias a las posibilidades de interconectividad y multimedialidad que las personas atesoran, sobre todo en aquellas culturas socialmente más avanzadas.

Es, en ese contexto, donde quiero poner de manifiesto la necesidad, diría que la imperiosidad, que se vive en el ámbito de la publicidad de apostar definitivamente por la transmedialidad en las campañas publicitarias.

Hemos de preguntarnos en qué medida en nuestro país se usa este recurso y, de qué manera se integra el uso de las redes sociales en las campañas transmediáticas. Incluso, avanzando un paso más, podemos preguntarnos qué tipos de redes sociales son las más efectivas en función del tipo de interacciones que cada una de ellas consigue.

Con el uso masivo de la interactividad por parte de gran parte de la sociedad (en los países con un desarrollo amplió de la banda ancha), el proceso clásico de la comunicación por el que se vehiculaba el mensaje (emisor-canal-receptor) transmuta de la antigua unidireccionalidad hacia la multiplicidad de conversaciones, teniendo importantes consecuencias en la creación de los contenidos, también de los publicitarios.
La interactividad plantea la posibilidad del receptor de modificar los relatos que recibe del anunciante. Es por eso que la apuesta debe centrarse en potencia la narrativa transmedia apostando por un proceso de inmersión a través de diferentes plataformas. El transmedia exige que el usuario participe. Ya no es una opción. Es una necesidad para que el éxito de la campaña. Los usuarios deben convertirse en cocreadores.
La utilización de las redes sociales para la expansión de los relatos se vislumbra como vital. Engrandecen el proceso comunicativo, lo viralizan y se hace de manera cuasi instantánea.

Diferentes estudios científicos han intentado medir la intencionalidad de esta actividad publicitaria para saber si hay diálogo y, en qué medida, éste es positivo. La primera pregunta es si el receptor asume, o no, el rol de emisor. Otros estudios, focalizados en los medios de comunicación, apuntan la no potenciación de esas conversaciones. Frente a la interacción de los usuarios no se vislumbra interacción por el usuario primigenio, en ese caso el medio de comunicación.

En el campo de la publicidad empiezan a llegar algunos estudios, sobre todo desde Estados Unidos, que están midiendo el nivel de eficiencia de esas acciones transmediáticas, especialmente la desarrollada en las redes sociales. Hasta ahora el foco se ha puesto en Facebook aunque el rápido crecimiento de otras redes, como Instagram, hace necesario ampliar los campos de investigación.

Hasta la fecha, al menos en España, la monetización de la inversión en publicidad transmediática no es muy exitosa. Al menos así lo atestiguan algunas investigaciones atendiendo no sólo al volumen de conversaciones generadas, sino también al nivel de cocreación de las campañas, a la modificación de los contenidos y mensajes, a la difusión mediante la viralización de los contenidos.

La medición del éxito de este tipo de campañas publicitarias ya no se plantea simplemente con un alto nivel de respuesta a través exclusivamente de los likes. Se debe potenciar el desarrollo de ‘memes’, de evolución en los contenidos narrativos, de cocreación en los relatos que deben ser abiertos, etc. La potenciación de nexos de relación más estrechos con las audiencias pasa por niveles de implicación mayores.
Para ello, la construcción de los relatos que se enmarcan en esas campañas deben ser especialmente construidos para los distintos tipos de públicos pero con algunos elementos en común: la utilización de la emotividad y la apuesta por los elementos persuasivos.

Doctor Joaquim Marquès

Twitter: @Quim_Marques

La importancia del coaching ejecutivo

Según la ICF (International Coaching Federation) el concepto de coaching es definido como:

“Una relación profesional continuada que ayuda a obtener resultados extraordinarios en la vida, profesión, empresa o negocios de las personas.”

Lo cierto es que, actualmente, en España y en países de habla hispana la curiosidad por el coaching está en auge y, como consecuencia de esto, son ya más de 1.200.000 referencias en español en Internet.

Concretamente el coaching ejecutivo está considerado, a día de hoy, como una herramienta eficaz para el crecimiento de las organizaciones. Una disciplina enfocada a la obtención de los mejores resultados de éxito en la empresa.

Lo que se propone el coach es que su cliente logre todas las metas que se plantee. Una metodología cada vez más común, puesto que son muchas las horas que el personal de cualquier plantilla comparte.

Es por esto que el proceso de coaching se está consolidando como una de las mejores inversiones para lograr objetivos y metas de la organización; ya que se consigue obtener el mayor partido del personal, además de lograr una completa integración de los equipos de trabajo.

Y es que, todos tenemos objetivos, pero ¿sabemos cómo alcanzarlos? En ocasiones la incertidumbre puede anular nuestras habilidades y capacidades de organización para lograr los objetivos. Un programa de coaching está especialmente diseñado para ayudar a las personas en estos momentos de incertidumbre, en los que necesitamos potenciar nuestro rendimiento.

Está claro que una inversión en coaching ejecutivo por parte de cualquier organización no es dinero desaprovechado; es más, a corto plazo se pueden manifestar los primeros resultados positivos de esta disciplina.

Los ‘millennials’ imponen las nuevas reglas de juego

Los ‘millenials’, aquellas personas nacidas entre principios de los años 80 y finales de los 90, están dispuestos a revolucionar el mundo de los negocios. Se trata de una generación de nativos digitales, multipantalla y multiispositivo, es decir, con una enorme capacidad por hacer varias cosas a la vez.

Poco a poco, esta generación de jóvenes altamente preparados y exigentes van marcando las pautas de un nuevo entorno en las oficinas en el que reina la flexibilidad y las áreas comunes para los trabajadores. Una dinámica de trabajo muy diferente a la que muchas grandes empresas no estaban o están acostumbradas.

Para esta generación las oficinas tradicionales ya son cosa del pasado. Los millennials reivindican cambios a los líderes empresariales. Son partidarios de fomentar espacios colaborativos ya que creen que así pueden aumentar la productividad y los beneficios de la compañía.

Tampoco creen en los sitios fijos. La posibilidad de trabajar desde cualquier lugar con conexión a Internet, ya sea dentro o fuera de la oficina, es mucho más importante que un sueldo alto. Están convencidos de que el tiempo que se pasa en la oficina no es directamente proporcional a la productividad, sino que puede originarse precisamente el efecto contrario. Y ya que las nuevas tecnologías nos lo permiten, ¿por qué no trabajar desde donde uno desea o rinda mejor?

La pertenencia a una comunidad es otro de los factores clave para esta generación. Y es que, posiblemente, no existe millennial que no tenga, mínimo, un perfil en redes sociales. Por este motivo espacios comunes como la cafetería o zonas de reunión u ocio son clave para desconectar del trabajo, relacionarse y recargar pilas.

Sin lugar a dudas, la cultura organizativa está cambiando. Los líderes empresariales están introduciendo cambios en las áreas de trabajo, adecuando sus negocios a las necesidades de sus equipos. Cumplir con esta demanda no es tarea fácil, pero así son los millennials, una generación muy bien preparada, social, inquieta y con una enorme capacidad crítica. Está claro que la primera generación crecida en la era de Internet tiene aún mucho por decir.

Todos pueden (pero no deben) ser Community Manager. ¿Por qué?

Internet y Social Media han generado nuevas oportunidades en el mercado laboral, un escenario que ha provocado la aparición de nuevas profesiones para cubrir las necesidades creadas en el entorno digital.

En los últimos 4 o 5 años la demanda de Community Managers por parte de las empresas ha aumentado considerablemente, y más aún en la oferta formativa en forma de seminarios, cursos especializados e incluso posgrados y másters.

Lo cierto es que gestionar la relación con los clientes potenciales, así como la reputación digital de la empresa no es algo que cualquier perfil pueda asumir. La realidad es que hoy en día se ha convertido en una de las prioridades en las estrategias de las empresas y, a la vez, es también una oportunidad para los apasionados del mundo digital.

Pero no todo vale, el Community Manager debe ser la voz de la empresa. Es decir, debe alinear la estrategia de la compañía al marketing en redes sociales.

Por este motivo no hay que dejar el puesto de Community Manager al becario, familiar o conocido de turno, tal y como ocurre en muchas empresas; es, sin lugar a dudas, una vía más económica, irresponsable y rudimentaria que tarde o temprano acaba perjudicando a la compañía, ya sea por una comunicación inadecuada o por unos resultados insuficientes.

Es un tema de larga discusión, que afecta a muchas empresas, al creer que cualquiera puede hacer de gestor de comunidades en línea. Sin embargo, como en cualquier profesión, para ser Community Manager se requieren ciertos estudios y conocimientos especializados.

Un buen gestor de comunidades en línea es aquel que no solo comparte contenidos y responde a la comunidad, sino que se alinea con la estrategia de la empresa, es capaz de gestionar crisis reputacionales, diseña y produce contenidos (ilustraciones, infografías, artículos…), analiza los resultados obtenidos y tiene la capacidad de reaccionar inmediatamente.

En definitiva, para desempeñar correctamente la labor de Community Manager hay que dominar múltiples campos y estar dotado de ciertas aptitudes, siempre y cuando se quiera estar a la altura de la tarea que le ha sido encomendada.

Alta demanda de perfiles Social Media y SEO

Actualmente existe un importante crecimiento de negocios online, pese a las preocupantes cifras de desempleo que perduran en nuestro país. Internet y las redes sociales generan constantemente nuevas oportunidades en el mercado laboral, dando respuesta a la alta demanda de profesionales en Community Manager o SEO.

A día de hoy cada vez es más habitual oír hablar de puestos de trabajo relacionados con Social Media o Internet en general. Debido a las tendencias del mercado son muchos los modelos de negocio tradicionales que están evolucionando hacia el entorno digital, donde la gestión de comunidades o la creación y desarrollo de contenidos digitales son pilares fundamentales en la estrategia empresarial.

Para ello, la empresa requiere la incorporación de personal cualificado al respecto. Por lo tanto, formarse en este sector es una clara oportunidad laboral.

El Posgrado en publicidad, marketing y Social Media de ENEB permite al profesional hacer frente a las nuevas demandas del mercado, ayudando a encontrar los métodos más eficientes y adecuados para aprovechar las oportunidades en comunicación, publicidad, visibilidad.

Incuestionablemente, un perfil destacado en SEO y/o Social Media es, por un lado, fundamental en la estrategia de toda organización y, por otro lado, una muy buena apuesta de futuro a nivel individual.

La comunicación no verbal, la gran desconocida

Comunicarse es inherente a los seres vivos. Los humanos lo hacemos de manera habitual a través del lenguaje, sin embargo nuestros ancestros, antes de saber utilizar la oralidad, se expresaban por signos, y antes de eso, por gestos.

La gestualidad está en el fondo de todo comunicación animal. Los humanos no nos diferenciamos del resto. La comunicación también es el lenguaje del cuerpo. Y no nos han preparado para saber leerlo.

Un psicólogo de origen armenio y profesor en UCLA, Albert Mehrabian, estudió la importancia de los mensajes no verbales que emiten los humanos. Tras numerosas investigaciones constató que tan sólo el 7% de lo que percibe nuestra audiencia es comunicación verbal, o sea, palabras, conceptos o argumentos. Otro 38% de lo que transmitimos o hacemos a través de elementos paraverbales como son la entonación, el volumen o el tono de la voz. Pero lo más importantes que consiguió confirmar con sus experimentos es que más de la mitad de lo que expresamos, exactamente hasta el 55%, es comunicación corporal: a través de nuestra mirada, de nuestros gestos, de nuestra postura. Es lo que se ha popularizado como la Regla Mehrabian: 7-38-55.

En suma, lo que nos indica Mehrabian es que, cuando comunicamos, sobre todo emociones y sentimientos, más del 90% de nuestro mensaje recae sobre la comunicación no verbal, también conocida como CNV, que está asociada a otras técnicas como la kinesia, la paralingüística o la proxémica (o prosémica). Es por eso que resulta muy necesario conocer, aunque sea someramente, estas técnicas.

Pensemos por ejemplo en nuestra postura. O en la de la persona que tenemos enfrente si, de esa manera, nos es más fácil:

¿Cuál es su/nuestra postura? Analicemos la cabeza, ¿está ladeada? ¿Se cae hacia alguno de los lados? Las inclinaciones delatan información, así como la existencia de tensiones musculares, el modo de sentarse… La posición de los brazos o de las piernas también nos proporciona información, la forma en que la gente se sienta, la dirección en que pone los pies, ¿hacia dónde apuntan? Todos los elementos del cuerpo nos hablan de la persona.

Es la cinésica (el estudio del movimiento del cuerpo). Especialmente, la parte superior del cuerpo y, principalmente, el uso de las manos; pero no olvidemos la parte baja del cuerpo, los miembros inferiores. Cada movimiento del cuerpo transmite diferentes estados de ánimo: desde la bondad pasando por la inquietud, la impaciencia, el nerviosismo, la furia, la obstinación, una falta de confianza…

Otra parte donde debemos estar muy atentos son las expresiones faciales. El contacto visuales esencial ¿Rehuimos la mirada? ¿Cuál es la posición de las cejas, está la frente ceñuda? Hemos de analizar los músculos faciales, la expresión de los labios. Todas esas expresiones faciales indican los sentimientos que hay detrás de la información verbal y, en muchas ocasiones, expresan lo contrario al mensaje oral. ¿Con cuál quedarnos? No es fácil. No hay una única respuesta. Lo hemos de analizar en cada caso, conociendo el comportamiento habitual de nuestro interlocutor.

La proxémica o uso del espacio, es el estudio del uso que hacen las personas de las condiciones espaciales entre ellas. Analiza como un individuo se comparta en relación a otros, defendiendo su espacio mínimo, ensanchando su territorio, traspasando el de los demás… En las culturas occidentales hay una zona íntima, otra personal, otra más social y otra publica, que oscilan entre los 40 centímetros para la primera, hasta 120 cm. la segunda y 360 cm, la tercera (según los estudios realizados por Edward T. Hall, aunque eso depende de cada cultura).

Resulta especialmente interesante analizar el lenguaje no verbal aplicado a los políticos, especialmente a los líderes, como representantes de la gestión de la vida en comunidad. Pero también en muchas otras facetas de la vida. En el entorno familiar, en la vida profesional… Tener el conocimiento suficiente para detectar cuándo nos mienten es esencial para estar bien informados.

Doctor Joaquim Marquès

Twitter: @Quim_Marques

Lean Startup, una metodología para emprender

Podemos definir un plan de negocios como un documento que recoge una idea o iniciativa empresarial a partir de unas hipótesis. En ocasiones desarrollamos este documento sin consensuarlo con la parte más importante del puzzle: el cliente.

Afortunadamente, existe un método para desarrollar un plan de negocios que reconvierte nuestros errores en aciertos; hablamos de Lean Startup. Esta metodología consiste en lanzar nuestro producto o servicio a pequeña escala, con el objetivo final de evaluar su sostenibilidad a medio o largo plazo. De esta forma el emprendedor consigue un ahorro importante en tiempo, dinero y recursos.

Sin embargo, hay que tener presente que el proceso Lean Startup no es una ciencia exacta ni tampoco asegura el éxito absoluto, sino que más bien se trata de una ayuda para romper con las barreras del pensamiento empresarial tradicional.

Punto de partida: producto mínimo viable

La metodología Lean Startup está centrada en la efectividad del producto. Aprender emprendiendo a partir de una serie de experimentos que permiten distinguir entre las ideas brillantes y las descabelladas.

Como vemos, el objetivo es testar rápidamente el producto básico con el cliente potencial, recogiendo cualquier input que pueda ayudarnos a comprobar la aceptación y viabilidad del modelo de negocio. Toda nueva versión del producto, actualización, característica o funcionalidad lo consideraremos como intento de mejora. Es decir, no todos estos cambios acabarán convirtiéndose en mejoras.

Crear-Medir-Aprender

El método Lean Startup es ideal para startups, puesto que en vez de desarrollar planes complejos, se pretende llevar a cabo ajustes constantes a partir del circuito de feedback de Crear-Medir-Aprender; es decir, creamos producto, medimos procesos y retroalimentamos a partir de aprendizaje adquirido.

El proceso se puede repetir cuantas veces sea necesario hasta lograr el producto que mejor se adapte al cliente.

Encontrar un modelo de negocio viable y escalable no es fácil. Hay quien asegura que una startup necesita fracaso y aprendizaje continuos como motores para evaluar las hipótesis iniciales. Lo que está claro es que, ante tal incertidumbre a la hora de emprender, el método Lean Startup puede ser una gran ayuda para dar el salto con paso firme y, sobre todo, con una baja inversión inicial.

Barcelona: Un referente de ciudad en formación para directivos

Barcelona es una de las ciudades europeas más destacadas en la formación de directivos. La ciudad condal es una de las que imparte más programas MBA y su calidad tiene un gran reconocimiento a nivel mundial.

La formación en escuelas de negocios como ESADE, IESE, EADA, ESIC o ENEB es sinónimo de éxito para cualquier persona que esté buscando promocionar en el trabajo, además de ampliar su lista de contactos profesionales y personales.
Escuelas como la Escuela de Negocios Europea de Barcelona disponen de másters, posgrados y cursos superiores tanto para estudiantes con poco recorrido laboral, como también para profesionales en activo que necesitan ampliar su formación.

Y es que, las estadísticas sitúan a la capital catalana como la segunda ciudad de Europa y la quinta del mundo en número de estudiantes internacionales que realizan un MBA, sólo por detrás de ciudades como Nueva York, Boston, Chicago y Londres.

Un motivo más para hacer carrera en la ciudad condal es su gran apuesta por las startups tecnológicas y por ser considerada la primera Smart city en España. De hecho, en Barcelona se encuentran alrededor de 5000 empresas extranjeras gracias a su internacionalización, innovación en programas formativos y una aproximación de alto valor para las compañías tecnológicas.

Sin lugar a dudas, Barcelona es una de las mejores ciudades para invertir en formación.