La formación robotizada ha llegado para quedarse

Muchos sectores han visto como tareas realizadas por humanos han ido sucesivamente siendo substituidos por robots. No es nada nuevo en el ámbito de la industria donde se desarrollan ciertas tareas repetitivas y de escaso valor añadido. Es un debate antiguo. Algunos de estos procesos de automatización de puestos de trabajo han llegado incluso a los tribunales con sentencias de diversa índole, a favor y en contra.

Esta realidad que nos toca vivir desde hace tiempo conlleva un proceso de destrucción millones de puestos de trabajo gracias a los avances tecnológicos basados en la compaginación de la robótica, la inteligencia artificial (IA), los procesos de aprendizaje automático (machine learning y el reconocimiento facial. Estamos entrando en la conocida como cuarta revolución industrial.

Sin duda el proceso es imparable. En el Foro Económico Mundial realizado en Davos en 2016 ya se avanzó esta tendencia. Algunos estudios han planteado los siguientes escenarios donde el debate entre empleo y tecnología puede sorprender a los ciudadanos. Los próximos sectores de actividad donde se empieza a visualizar este proceso se concentra en los servicios. Profesiones como el periodismo, la abogacía, el análisis financiero, la contabilidad, la atención al cliente, la salud, por ejemplo, ya lo empiezan a notar.

Por el contrario, siempre se ha señalado que hay una serie de trabajos que no podrían ser sustituidos por la IA. Entre ellos se señalaba la educación. La labor del maestro y del profesor parecía estar a salvo. Sin embargo, empezamos a ver algunas iniciativas de desarrollo de programas de IA que pretenden avanzar en esta línea. Con la implantación en las aulas de las pantallas, algunos programas educacionales se han colado de rondón para ayudar en la docencia. No hablo de las ciencias computacionales, estoy planteándolo a niveles de enseñanza más básicos. Ayudan en el proceso de aprendizaje y en la obtención de ciertas habilidades y competencias desde temprana edad, de tal manera que los estudiantes se familiarizan con ese entorno y no lo rechacen en estadios superiores. El papel del profesor, en ese escenario, limitaría sus funciones a las de un mero coordinador o supervisores (en el mejor de los casos).

En el campo de la educación a distancia es donde antes vamos a ver este proceso de substitución de algunas laborares docentes y de apoyo. La apuesta por la interactividad que pueda desarrollarse con bots ya se está implantando. Pero también empezamos a ver progresos de lo que se ha dado en llamar educación robótica en el campo de las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) donde transforma antiguos procesos de aprendizaje aburrido en divertidas clases que pueden ser impartidas on line.

El proceso de substitución ha venido para quedarse. Es crucial reflexionar acerca de cómo está revolución robótica influirá en los empleos de las próximas décadas y pensar en qué habilidades humanas son importantes adquirir para los distintos perfiles de trabajadores. Hay que concienciarse que los procesos de reciclaje profesional y adaptación al cambio son parte innegociable del nuevo mundo que nos espera.

En ese escenario debemos reflexionar en torno a aquellas características que la revolución tecnológica asociada a la IA no será capaz nunca de desarrollar de la manera en que lo hacen las personas. Concentrémonos en potenciar esas cualidades netamente humanas. Estoy pensando en la empatía, la creatividad, la gestión de las emociones, la reflexión, etc.

Más información en:

https://www.lasexta.com/noticias/ciencia-tecnologia/robots-podrian-sustituir-profesores-menos-decada_2017091259b7c1a90cf2c12b26151a27.html

https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-319-32552-1_79

https://ieeexplore.ieee.org/abstract/document/7942837

https://www.muyinteresante.es/tecnologia/articulo/los-5-trabajos-que-resistiran-a-la-era-de-los-robots-541493116562

https://www.businessinsider.es/cinco-etapas-que-viviremos-aceptar-llegada-robots-331263

Dr. Joaquín Marqués
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Más allá del Coronavirus. La economía que nos espera

La crisis de la pandemia vírica que está asolando por etapas los continentes en la actualidad, está generando en la población múltiples reacciones y stress emocional por las consecuencias que conlleva en sus vidas. Cuesta mirar más allá de la actual situación, pero sin duda el coronavirus va a afectar a la economía en todo el planeta. Los expertos empiezan a preguntarse qué consecuencias nos dejará el COVID-19, cómo cambiará nuestras vidas y qué desafíos surgirán, quiénes ganarán, cuántos perderán.

Los confinamientos y cierres masivos de empresas van a generar a muy corto plazo una contracción de la economía mundial, más severa en algunas latitudes, menos en otras. Como consecuencia de ello vamos a ver en los próximos trimestres caídas en las economías nacionales que en muchos casos conducirán a períodos recesivos de menor o mayor duración en función de cómo se afronten por los respectivos gobiernos nacionales y las medidas que estos implementen para relanzar la actividad económica.

Existen tres tipos de recesiones:
• Recesión real. Donde se genera un choque exógeno de demanda y oferta. Son situaciones que se dan cuando hay guerras, desastres u otras interrupciones, que llevan a la economía real a una contracción.
• Política contracíclicas. Cuando los bancos centrales aumentan los tipos de interés con la intención de enfriar la economía y bajar la inflación. En ese escenario se endurecen las condiciones financieras y la intermediación crediticia hasta tal punto que ahoga la expansión.
• Crisis financiera. Los desequilibrios financieros tienden a acumularse lentamente y durante largos períodos de tiempo, antes de deshacerse rápidamente, interrumpiendo la intermediación financiera y luego la economía real. Es el caso de la última recesión que se originó en la deuda subprime. En ese escenario se generan tensiones de flujo de efectivo, especialmente en las pymes.

Las recesiones reales tienden a ser más benignas que las recesiones generadas por políticas anticíclicas o las inducidas por crisis financieras, ya que representan choques de demanda u oferta, potencialmente graves, pero esencialmente transitorios. Lo importante es discernir si la recuperación se generará en forma de U, L, V o W (donde la caída de la actividad económica es representada por la parte izquierda de cada letra y la recuperación por la parte derecha).

Para discernir cuál es el escenario más plausible podemos mirar qué ha sucedido en otras pandemias como el SARS o COV-1 (2002), la gripe H3N2 (1968), la gripe H2N2 (1958) o la gripe española (1918). En todas ellas la salida se produjo en forma de V, lo cual no quiere decir que en esta ocasión el comportamiento sea el mismo.

De todas formas, después de cada recesión importante la sociedad (y la economía) experimenta algunos cambios importantes. ¿Qué es previsible que pueda suceder después de la actual? La adopción de nuevas tecnologías y modelos de negocio combinados como, por ejemplo: la popularización del aprendizaje on line o la utilización de la señal de los móviles para rastrear a las personas desde el punto de vista de la salud.

Otro tipo de consecuencias, en este caso, recurrentes, después de cada crisis económica, son las derivaciones políticas. En función de cómo haya sida percibida por los ciudadanos la actuación gubernamental en cada caso, puede dar lugar a vuelcos electorales.

Y, por último, se puede extraer una lección de cómo se ha afrontado globalmente este reto social. O no. Se puede aprender de los errores cometidos y establecer redes de colaboración transnacionales ante futuros desastres. O no. Podría generarse una potenciación de las actuales tendencias emergentes contrarias a la globalización con una potenciación de políticas proteccionistas.

Dr. Joaquín Marqués
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¿Business School o Universidad?

La pregunta clásica que se hace un estudiante que quiere adquirir las habilidades necesarias para la gestión empresarial sobre si debe acudir a una universidad o a una escuela de negocios para formarse, vuelve a estar de plena actualidad ante la apuesta decidida de muchas business schools, de iniciativa privada, que han entrado con fuerza en la formación de grado llegando incluso a ofertar una titulación oficial gracias a los acuerdos que establecen con universidades.

Tradicionalmente las universidades y sus estudios empresariales apostaban por un modelo tradicional de enseñanza. Frente a ello, las escuelas de negocios, surgidas a lo largo del siglo pasado, encontraron su hueco de mercado al desarrollar metodologías docentes diferentes, como el famoso método del caso, inicialmente desarrollado por Harvard a principios del siglo XX en su escuela de leyes, pero que posteriormente ha sido aplicado con asiduidad en las escuelas de negocios analizando casuística real.

Las técnicas de aprendizaje activo, en muchas ocasiones de manera colaborativa, basadas en la experimentación, ayuda al desarrollo de determinadas habilidades que tanto las empresas como los propios estudiantes valoran muy positivamente y aumenta la motivación. La posibilidad de enfrentarse a situaciones reales frente al estudio de manuales más teóricos ha ido ganando la partida, consiguiendo las escuelas de negocio hacerse un hueco en el mercado. Por su parte, las universidades conscientes de esta situación han ido modificando sus planes docentes para adaptarse a ese nuevo escenario que, en la actualidad, incluye el uso de las TIC (nuevas tecnologías de la información). En la universidad la innovación docente se está implementado mediante diversas técnicas como el ABP (aprendizaje basado en problemas) que, en ocasiones, son ficticios. Además, han incorporado en su plantel de profesores a profesionales avezados que complementan el papel del clásico profesor, que apuestan por desarrollar las habilidades más emprendedoras, explicándoles experiencias de sus compañías.

Cuando los estudios son de postgrado (no solamente contemplamos el tradicional MBA sino programas de marketing, de recursos humanos, de comunicación, etc.) el diferencial es más amplio ya que los masters de muchas universidades están pensados como un paso intermedio hacia el doctorado, y por tanto titulación oficial, mientras que las escuelas de negocios pueden organizar la docencia de una manera mucho más libre si apuestan únicamente por titulaciones propias. Ello les proporciona mucha más flexibilidad en el diseño de los planes de estudio y su adaptación a las circunstancias cambiantes del entorno de manera mucho más ágil.

Además, se puede observar un nivel mucho más alto de internacionalización entre los estudiantes de las escuelas de negocio que en los centros de posgrado de las universidades, sobre todo las públicas.

Por último, otras diferencias entre ambas categorías se centran en el coste de este tipo de estudios (más caros sin duda en las business schools, al menos las presenciales), en los programas de becas (que no suelen existir en los centros de carácter público) y en la inserción laboral (ambos organizan encuentros de networking con empresas interesadas en contratar a los mejores egresados).

De todas formas, y después de la experiencia surgida de la última crisis económica y de la incorporación de la inteligencia artificial a muchas de las prácticas empresariales, se echa en falta en ambos sistemas una formación complementaria basada en principios éticos, en la presentación del medio ambiente, la potenciación de la igual de género… En definitiva, una apuesta por los ODS de las Naciones Unidas, una tendencia que pretende consolidarse a lo largo de esta década.

Para ampliar este tema, ver:
• Aprendizaje basado en problemas. Un análisis crítico.
https://revistapublicando.org/revista/index.php/crv/article/view/363
• Escuelas de negocios latinoamericanas Un análisis empírico.
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0186104213712300
• El rol de las escuelas de negocios en el desarrollo de destrezas gerenciales: análisis conceptual.
https://www.redalyc.org/pdf/716/71611933007.pdf

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Las redes neuronales adversas (GAN) cambiarán el sistema de trabajo

Lo que está por llegar en el campo de la inteligencia artificial (IA) nos va a resultar muy sorprendente. Va a afectar de manera importante a muchas actividades: algunas como la del entretenimiento, la información y la comunicación empiezan a ser una realidad y cambiarán radicalmente el sector.

Las GAN, o redes generativas antagónicas, son redes neuronales capaces de dotar a las máquinas de imaginación. Se consigue generar imágenes de personas que no existen, desarrollando historias muy creíbles. La creación de personajes digitales capaces, por ejemplo, de presentar un programa de televisión, empieza ya a ser una realidad. Avatares con aspecto humano son ya una realidad en televisiones de China, desde hace unos pocos meses. Como dice el artículo de El País “pestañean y elevan las cejas al hablar. Su boca se mueve en sincronía con las palabras”. Las modelos estilizadas digitales son otro ejemplo de esa nueva tecnología que recrea imágenes tan reales de humanos que otros seres de la misma especie son incapaces de distinguir. Parecen humanos, se expresan y mueven como humanos, muestran sentimientos como humanos… Pero son creaciones producto de un algoritmo. Son elementos artificiales que aparte de su apariencia exterior son capaces de responder a los estímulos orales (órdenes, sugerencias, indicaciones) interpretando incluso el tono de voz de su interlocutor.

La Inteligencia Artificial (IA), mediante las GAN, empieza a desarrollar prototipos para la interacción con la clientela que se utilizan en la automatización de procesos. Las aplicaciones más conocidas se han traslado a los videojuegos, pero el camino para avanzar es enorme. Son productos que apuestas por la imaginación artificial.

La evolución (en este caso se puede calificar como disrupción) va a afectar sin duda al mercado laboral. Muchas funciones que hoy aún desarrollan humanos van a pasar a ser ejercidas por software mediante una serie de tareas automatizadas que repercutirá en un abaratamiento de costes y en un aumento de la productividad, un 30% según algunos estudios recientes. Ello conllevará, sin duda, una destrucción de empleo poco cualificado lo cual plantea el problema de qué hacer con esos trabajadores. La necesidad de apostar por la formación continua a lo largo de toda la vida laboral deviene en imprescindible si queremos reubicar esa fuerza laboral. El conocimiento

El mercado está sometido a continuos cambios que se van a acelerar en los próximos años. La legislación deberá adaptarse a estos cambios radicales. Un verdadero desafío para la nueva sociedad en construcción.

Para ampliar esta información:

https://retina.elpais.com/retina/2019/12/27/talento/1577434932_496214.html?ssm=TW_CM_RT

https://www.genbeta.com/a-fondo/que-como-funcionan-gan-esas-redes-neuronales-capaces-crear-rostros-personas-que-no-existen

https://www.technologyreview.es/s/10016/el-senor-de-las-gan-el-hombre-que-dio-imaginacion-las-maquina


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HOLALUZ, la última estrella del firmamento bursátil español

Que una pequeña empresa desafíe a los gigantes de su sector y salga victoriosa es una rareza. Que eso además pase en el sector de la energía, es una excepción. Y que lo haga una empresa B, casi un milagro. Es el caso de la comercializadora de energía renovable Holaluz.

Cuando Ferran Nogué, Carlota Pi y Oriol Vila, tres jóvenes emprendedores catalanes, crearon Holaluz, en 2010, querían apostar por el autoconsumo doméstico. Hoy una década después, su compañía se destaca del resto de competidores alternativos al ser la primera que apuesta por salir a los mercados bursátiles como una forma de financiarse de cara a ganar tamaño.

El pasado noviembre se colocó en ese mercado una cuarta parte del capital siendo el resto de socios los tres fundadores que actualmente poseen el 15,6% cada uno junto al fondo Axon Partners, con el 17,9% del accionariado; y la mutua de pensiones guipuzcoana Geroa Pentsioak, con el 8,13%.

En la actualidad Holaluz tiene presencia en los mercados bursátiles (su ticker en el MAB es HLZ) con una capitalización que a finales de noviembre de 2019 era de 160 millones de euros (a razón de 5,75 euros la acción) pero que ya ronda, un mes después, los 200 millones gracias al crecimiento del valor superando los 11 euros.

El contexto de esta sociedad, el mercado de empresas de distribución eléctrica, ha cambiado en pocos años. Se ha producido una gran fragmentación y Holaluz pretende ser el artífice de un proceso de concentración de muchas de estas pequeñas. O sea, se posiciona como comprador para ganar tamaño. La financiación se realizaría mediante apalancamiento (endeudamiento) y ampliaciones de capital (dilución del valor actual de la acción).

Su plan estratégico pasa por llegar a tener un millón de clientes en 2023 (x5 frente a su volumen actual), llegar a facturar mil millones de euros y dotarse con 50.000 instalaciones fotovoltaicas. Estimaciones muy optimistas según algunos analistas financieros que rebajan las cifras en aproximadamente una cuarta parte.

Sorprende de esta eléctrica que fuera la primera en Europa en recibir el sello B Corp que certifica a una serie de empresas responsables socialmente que, más allá de generar únicamente beneficios para sus accionistas también pretenden encontrar rentabilidad a través de actividades sociales, como, por ejemplo: mejorar la vida de sus trabajadores y de las comunidades donde viven, así como del medio ambiente.

Holaluz ha sido la primera compañía eléctrica alternativa que ha dado el paso al mercado bursátil, pero detrás hay un grupo de energéticas con características similares que están captando interesantes cuotas de mercado: Aldro, Alterna, Aura, Econactiva, Egreen Nabalia, Enara, Energía Plus, Enérgya, Enercoop, Factor energía, Fortuluz, Gana Energía, Gesternova, Goiener, Lucera, Nexus energía, Pepeenergy, Podo, Som Energia, Watium, Zencer (hasta un total de cerca de un centenar de competidores).

En los próximos 24 meses vamos a ver si esta sociedad puede cumplir su plan estratégico y se convierte en una alternativa sólida a los grandes del sector que aún acaparan más del 80% de los clientes; o bien, es engullida por las poderosas fuerzas del mercado. Por si acaso, sus fundadores se han reservado la posibilidad de hacerse ricos con la venta de sus participaciones en caso de ser engullidos por un pez mayor.

Para más información:
• Como acceder a la certificación B Corp.: https://bcorporation.eu/about-b-lab/country-partner/spain
«Escenarios para el sector energético en España 2030-2050», en:
https://eforenergy.org › docpublicaciones › informes › informe_2017

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Imprescindible: reforzar las habilidades comunicativas

Si la velocidad a la que se ha movido la sociedad en esta década nos parece muy rápida, nos vamos a quedas pasmados con lo que pasará en la siguiente. La llegada del Internet de las Cosas (IoT por su acrónimo en inglés) y la implantación masiva de la inteligencia artificial (IA) en miles de millones de objetos acelerará todos los procesos tecnológicos y sociales, mucho más de lo que podemos esperar, afectando a todos los sectores productivos.

En la última edición del World Economic Forum se han estudiado ocho grandes categorías donde va a incidir de manera más incisiva el cambio disruptivo: el empleo, la productividad, la tecnología, la empresa, la identidad, la desigualdad, la ética y la gobernanza.

Como dice el presidente de Corporate Excellence, Jaume Giró y director general de la Fundación Bancaria ‘La Caixa’, “de esto solo nos salva formar a ciudadanos más preparados con un tipo de educación con cuatro características principales, más allá de la memorística: pensamiento crítico; creatividad; competencias en habilidades comunicativas; y trabajo colaborativo”.

La competencia en comunicación nunca ha sido una prioridad para los gestores empresariales. Son una ínfima parte los Ceo y presidentes de compañías que se han formado en esa dinámica social. Se acostumbra a delegar esas competencias en el dircom. Y es en ese nuevo escenario donde los nuevos directores de comunicación deben constituirse en unos rigurosos profesionales de este campo, competentes, que sepan cómo ‘viene la mano’. Este juego de construcción de relaciones estables y provechosas con todos los stakeholders con los que se relaciona la entidad incluye: a) la construcción del relato; b) anticipar los escenarios posibles; c) alertar de los riesgos reputacionales; y d) comunicarlo lo mejor posible.

¿Cómo tiene que ser ese dircom en la próxima década? Debe dar siempre un poco más de lo que esperan de él. Para ello hay que formarse de manera permanente… y salir de los espacios de comodidad. Habrá que conocer cómo se comunican las máquinas y saber interactuar en ese tipo de lenguaje. El mapa de los stakeholders va a cambiar. Ahora nuestra entidad tiene relaciones con personas físicas, de alguna manera también con personas jurídicas; en los próximos años vamos a ver como se deberá interaccionar con personas robóticas.

El entorno tan cambiante que estar por entrar aumentará el campo de las incertidumbres. También para los dircom. Ello implica mayores riesgos. Normalmente nos movemos en un perímetro de trabajo controlado, el habitualmente definido. Sin embargo, el dircom se va a ver obligado a salir de ese entorno, sobrepasar ese perímetro, y arriesgarse. Ello implica dar más de lo que se espera de él, asumiendo que en ese proceso el nivel de errores puede aumentar.

El norte siempre ha de ser, desde la lealtad a la organización, contribuir a salvaguardar los objetivos de la entidad. Para ello hay que conocer cuál es el propósito de nuestra empresa, más allá de la rentabilidad necesaria para ser sostenible, y dirigir la comunicación del futuro en esa dirección, donde vamos a ver una multiplicación de la inteligencia gracias el aumento de la velocidad a la que cambia la tecnología y la implantación masiva de sistemas de machine learning.

Es una apuesta que, simplemente, no podemos dejar pasar. Su renuncia nos apartaría de los escenarios de decisión empresariales. Tanto le ha constado a los dircom llegar a sentarse en la mesa con los mayores que ahora no pueden permitirse abandonar.

Más información en:

https://www.corporateexcellence.org/recurso/mapa-de-tendecias—approaching-the-future-2019/0b8f93ce-4973-5fd4-feb4-ae77c3eb5b48

http://www.dircom.org/publicaciones/guia-de-herramientas

Dr. Joaquín Marqués
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¿Cómo quieres ser recordada?

Una de las muchas enseñanzas que se intenta inculcar en las escuelas de negocios (pero no solamente en ellas) a los estudiantes, conforme avanzan en su preparación para la incardinación profesional, es la significación de su propósito en la vida.

Se hace de manera sencilla de tal manera que sea comprensible para todo el mundo. Mediante una pregunta como la que encabeza este escrito. Una cuestión que no resulta baladí. Muchas personas enfrentadas a ellas no saben que decir. Se quedan bloqueadas, o reflexionando sobre cuál debería ser la mejor respuesta. Solo hay que ver multitud de videos que transitan por la red para constar cómo la gente no ha pensado antes sobre ello. Y es lastimoso, la verdad.

Por la imagen que propagan de ellos mismos en ese instante y que permanece indeleble en la red por años y años. Recordemos que solamente existe una primera oportunidad de dar una buena impresión. Dicho de otra manera, no existe una segunda oportunidad para dar una primera impresión.

Responder a esa pregunta requiere de una previa preparación. Que, sobre todo, se concentra en el yo interior. En la reflexión interna sobre cuál queremos que sea nuestra orientación en la vida. La respuesta seguramente estará basada en los valores de cada uno. También en su forma de ser. En la forma de afrontar los retos, en su manera de relacionarse con la sociedad. Su posición frente al mundo, el nivel de sus ambiciones… Y muchas de esas microrespuestas vendrán dadas por sus vivencias personales en sus años de vida (escasamente una década de consciencia plena de su incardinación social). La experiencia vivida junto a la formación recibida son claves en la orientación de la respuesta.

¿Cómo quiere que su persona sea recordada por sus descendientes, por las generaciones posteriores? Puede decantarse hacia respuestas más colectivas, del tipo: “como un tipo que ayudó a resolver el problema medioambiental de nuestro planeta”, donde el entorno social, la colectividad, está en primer término. Otras personas, sin olvidar el contexto social donde viven, apuestan más por potenciar el factor personal, del tipo: “haber conseguido levantar una empresa, crear muchos puestos de trabajo y entregarla a mi siguiente generación, en la posición de liderazgo”. En el extremo opuesto a la primera podemos encontrarnos con respuestas donde el papel del individuo es el eje central de toda la reflexión: “haber conseguido triunfar como deportista de élite”.

Pero en la mayor parte de los casos nos vamos a encontrar la callada por respuesta cuando no una de jocosa que intenta obviar la inexistencia del proceso de reflexión interior. Muchas personas directamente no han pesado en esa cuestión. Su realidad se circunscribe a vivir el día a día lo mejor que puedan. En muchas ocasiones aplicando la ley del mínimo esfuerzo. Define la sociedad en la que uno está inmerso.

Esta reflexión puede expandirse más allá del mundo de las personas físicas para ahondar en el campo delas personas jurídicas: las entidades, sean con o sin ánimo de lucro. ¿La pregunta concreta es, ¿tiene un propósito esa empresa? La respuesta la podemos constatar mediante la existencia, o no, de su misión, visión y/o valores. La verdad es que son una exigua minoría, aún, las sociedades que han apostado por desarrollar los conceptos de la responsabilidad social en las organizaciones empresariales. La máxima pasa por conseguir un buen nivel de rentabilidad sin apostar por devolver a la sociedad una parte de lo que la sociedad le está dando.

Como se puede constatar, aún queda un largo camino por recorrer en los planos de la reflexión sobre el por qué estamos donde estamos y qué queremos hacer. Sean personas física so jurídicas.

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Reforzar las habilidades comunicativas

Si la velocidad a la que se ha movido la sociedad en esta década nos parece muy rápida, nos quedaremos pasmados con lo que pasará en la siguiente. La llegada del Internet de las Cosas (IoT) acelerará todo mucho más afectando a todos los sectores productivos. Como dice el presidente de Corporate Excellence, Jaume Giró y director general de la Fundación Bancaria ‘La Caixa’, “de esto solo nos salva formar a ciudadanos más preparados con un tipo de educación con cuatro características principales, más allá de la memorística: pensamiento crítico; creatividad; competencias en habilidades comunicativas; y trabajo colaborativo”.

Las universidades y escuelas de negocios están preparando los profesionales del futuro en muchos casos como si fueran ‘profesionales del pasado’. No tanto en el plano estrictamente técnico, donde la actualización de conocimientos en cada materia se va produciendo, sino más bien en cuanto a las habilidades relacionales que requiere esa nueva sociedad en formación.

Las habilidades comunicativas han devenido en una cualidad sustancial, esencial de todo profesional, con independencia de cuál sea su especialización. La necesidad de saber establecer y mantener diálogos emocionalmente positivos en todos los entornos donde se relaciona, resulta imprescindible para progresar en sus responsabilidades laborales.

Estas habilidades no tienen por qué ser innatas. Son competencias que se pueden, y deben, aprender. Y no solamente deben desarrollarse por los líderes. Son muy necesarias en muchas profesiones. Pensemos, por ejemplo, en el ámbito de la salud; o en la enseñanza; o en la función pública, etc.

Existen múltiples maneras de desarrollarlas, pero es aconsejable iniciarse desde temprana edad.

El concepto de ‘espíritu crítico’ o ‘pensamiento crítico’, como lo define Giró, viene a ser una cualidad que incluye tres procesos: contrastar los datos e informaciones que recibe no aceptándolos sin más. Para ello debe proceder a, por un lado, consultar diversas fuentes y, por otro, profundizar en los hechos para extraer su veracidad. No se trata de cuestionarlo todo. Debe ser una habilidad a medio camino entre la obediencia ciega y la oposición por sistema.

La habilidad creativa, la Creatividad, es de esos conceptos que todo el mundo entiende de manera general pero muy difícil de definir y acotar. En el contexto que tratamos aquí pretende ser la cualidad de aquellas personas que aportan ideas novedosas (por tanto, nada comunes) a la organización aportando respuestas a problemas existentes. Se caracteriza por “la originalidad, el espíritu de adaptación y el cuidado de la realización concreta” decía Donald Mackinnon. Además, sirve como motor de desarrollo personal.

El trabajo colaborativo, a diferencia del trabajo en equipo (utilizado para la optimización de resultados), pretende que los integrantes aporten ideas y conocimientos para lograr un bien común. No siempre existe un liderazgo y si se produce aparece de manera espontánea. Se trata de implicar a todos los miembros a través de un diálogo fructífero. Para ello resulta imprescindible que exista un entorno de colaboración y respeto mutuo (propositivo) junto a un sentimiento de solidaridad. A través de la colaboración los conocimientos individuales se traspasan al grupo de manera que todos los integrantes acaban aprendiendo y consiguiendo en conjunto una solución más enriquecida.

Ese ‘nuevo mundo’ que se nos viene encima, tal como apunta Giró, exige estar suficientemente preparado. Con competencias que quizás antes la sociedad no exigía. En el fondo se trata de dar siempre un poco más de lo que esperan de ti. Y sin esperar una recompensa inmediata. Para ello es necesario formarse continuamente a lo largo de toda la vida. Exigencias del siglo XXI.

Para más información.
https://revistadepedagogia.org/wp-content/uploads/2018/04/2-La-Creatividad-y-su-Evaluaci%C3%B3n.pdf
https://www.redalyc.org/pdf/4766/476648794008.pdf

Dr. Joaquín Marqués
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Analizar la emocionalidad (II)

Las emociones son fundamentales para sobrevivir. Sin emociones no hay inteligencia que valga.

Una persona que no controle sus emociones es un peligro, pero la persona que no tiene emociones todavía es más peligrosa.

En el artículo del mes anterior tratamos la creación de las emociones y sentimientos en el cuerpo humano. Queremos seguir profundizando en el tema.

Es necesario reclamar que los ciudadanos de sigan siendo manipulados por las campañas comerciales o políticas, a través de técnicas publicitarias, mediante determinados estímulos irracionales, etc. Hay que luchar contra ese tipo de manipulaciones. Desde diferentes planos. El legal, mediante los cambios normativos necesarios. Pero también en un plano más interno: el de la formación consciente de las personas. Hay que saber desarrollar lo que se conoce como la ‘inteligencia emocional’. Una definición rápida se refiere a la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar de manera correcta tanto las emociones en nosotros mismos como las que atañen a nuestras relaciones.

El concepto contiene, en el fondo, un conjunto de aptitudes: desde el autocontrol de los impulsos, el desarrollo de la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia y la empatía, entre otros. El déficit de inteligencia emocional repercute en mil aspectos de la vida cotidiana, desde problemas matrimoniales hasta trastornos de la salud. La inteligencia emocional está en la base de muchos procesos físicos. Podemos decir que existe un vínculo directo entre las emociones y el sistema inmunológico que pone de manifiesto la relevancia clínica de las emociones. Existen emociones negativas y positivas que van a perturbar de un modo u otro la salud. Está al alcance de todos nosotros fomentar y fortalecer nuestra inteligencia emocional.

Hay que aprender a saber contener y controlar los sentimientos y las emociones que los generan. El dominio de las pasiones no se puede conseguir exclusivamente a través de la razón pura (tal como explicó Immanuel Kant ya a finales del siglo XVIII). Apunta Antonio Damásio que el mejor camino para ello es a través de una emoción guiada por la razón. Frente a una emoción negativa concreta, hay que trabajar desde la mente un sentimiento positivo. Es, al fin y al cabo, la fuerza de la voluntad. La voluntad es un método para educar a la razón en la búsqueda de un estímulo que pueda potenciar la positividad en la gestión de las emociones.

Para ello es necesario ser consciente de ‘mi yo’. De cómo somos. De cómo nos autoreconocernos. Lo ideal sería que aprendiéramos desde la edad temprana a potenciar las habilidades no cognitivas. Pero nunca es tarde para ponerse a ello. Existen diferentes escuelas que han trabajado el tema. Una de las propuestas más interesantes e integradoras proviene de lo que se denomina Social and Emotional Learning (SEL; aprendizaje emocional y social). Quizás la obra más popular sobra la materia la haya desarrollado Daniel Goleman en 1995 con un libro con el mismo título (ver referencia al final).

La apuesta por una regulación reflexiva de nuestras emociones es clave para avanzar en la mejora de nuestra sociabilidad, y ayuda sobremanera al desarrollo intelectual. Apostemos por ella. Nos hará más libres.

Para más información:
GOLEMAN, D. (1995). Inteligencia Emocional. Barcelona: Kairós.
Conferencia de Daniel Goleman.

http://www.neuroclassics.org/ncl/avan/10avn.htm
https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/el-poder-de-las-marcas-648/sentimientos-y-emociones-13498

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Analizar la emocionalidad (I)

Las emociones son fundamentales para sobrevivir. Sin emociones no hay inteligencia que valga.

Una persona que no controle sus emociones es un peligro, pero la persona que no tiene emociones todavía es más peligrosa.

Para tomar decisiones las personas se basan o bien en un análisis racional, o bien en sus emociones, o en una mezcla de ambos factores. En una sociedad capitalista/consumista como la nuestra, la necesidad que la decisión de compra o consumo se tome lo más rápidamente posible ha condicionado la forma en que se afronta la promoción y venta de los productos y servicios, decantándose en muchas ocasiones hacia la utilización de elementos emocionales que potencien una pronta decisión del consumidor. Pero ello implica en muchas ocasiones que sea realice de forma precipitada e impetuosa, con mayores márgenes para el error.

Existen varios elementos fundamentales para la apuesta por ese tipo de prácticas comerciales: los procesos reflexivos en las decisiones humanas generan tomas de decisión más lentas. Y el porcentaje de compra, en comparación con las generadas por la emocionalidad, es más bajo.

Esta dicotomía está relacionada con el impacto sobre el cerebro de los estímulos exteriores de compra. Mientras que las argumentaciones reflexivas afectan solamente a dos partes del cerebro, las historias que incorporan elementos emocionales impactan en siete.

Ello es debido a que realmente los humanos disponemos de un triple cerebro. Cada uno de ellos se ha ido desarrollando sobre el anterior durante las diferentes etapas de la evolución humana: el reptiliano, el más antiguo, que regula las conductas instintivas y las emociones primarias (alegría, aversión, ira, miedo, sorpresa y tristeza), definidas por Paul Ekman. El emocional que ayuda en la fijación de la memoria de las experiencias vividas, en base a las reacciones emocionales. Regula las emociones secundarias (amor, asco, bochorno, culpa, disgusto, interés, vergüenza, entre muchas otras) Finalmente, el cerebro pensante, donde reside el pensamiento abstracto y el lenguaje, lo que genera la comprensión e interpretación de lo que se percibe a través de los sentidos.

Los sentidos reciben millones de impactos por segundo pero el cerebro solamente es capaz de procesar 2.400 de ellos en un minuto, usando para ello un sistema no consciente. Los impactos más importantes son los que despiertan la emocionalidad. Aquellas emociones que se vinculan con un acontecimiento significativo son poderosas constructoras de memoria.

A partir de las emociones, reacciones automáticas, que empiezan en el cerebro, continúan por el resto del cuerpo a través de estímulos reflejos poco perceptibles, como el sonrojo, un tic nervioso, cambios en la frecuencia cardíaca, etc. Es cuando se genera un sentimiento. Sentir es percibir, de tal manera que la emoción pertenece a la fisiología y metabolismo corporal, mientras que el sentimiento se genera en la mente, como explica el neurocientífico Antonio Damásio.

Por todo lo explicado, conseguir ‘teledirigir’ las emociones que se despiertan en un consumidor potencial como la intención de generar determinados sentimientos, es un factor importante en el diseño de las operaciones comerciales de las empresas. En el próximo artículo veremos cómo se trabaja y qué técnicas se utilizan.

Lecturas recomendadas:
Buyology. Verdades y mentiras sobre por qué compramos. Martin Lindstrom. Ed. Gestión 2000.
El Código de Ekman: el cerebro, la cara y la emoción. A. Freitas-Magalhaes. Ed. Escrytos.

Dr. Joaquín Marqués
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