Machine learning y ética algorítmica

Una de las clasificaciones más antiguas en la separación de géneros periodísticos es la aportada por el periodista británico Charles P. Scott (que también fue editor y político) cuando en 1821 escribió un ensayo donde indicó que <>. En definitiva, los géneros informativos frente a los opinativos.

Es esa sentencia se encuentra resumida una de las normas básicas de la profesión periodística: las informaciones deben ser lo más neutrales posibles y solamente explicar los hechos, dejando las opiniones personales, con la subjetividad que ello conlleva, para otro espacio.

En el desarrollo de los géneros periodísticos tenemos a la noticia como un claro ejemplo de los géneros informativos, mientras que el editorial o la crítica serian ejemplos de los opinativos.

En este sentido, Ignacio Escolar, director del periódico digital www.eldiario.com y anteriormente del diario madrileño Público, considera que el editorial, muy propio de los diarios, no debería existir. El editorial condensa la opinión oficial del medio sobre un acontecimiento de actualidad. Sin embargo, Escolar entiende que los medios no tienen opinión ya que éstas son exclusivas de las personas físicas. Las sociedades, las personas jurídicas, las empresas, en suma, lo que tienen -afirma Escolar- son intereses.

Traigo a colación esta separación para igualarla a otra diatriba que se está instalando en nuestras vidas, sin apenas darnos cuenta, y que condicionará sobremanera la forma de actuar de los seres humanos: los algoritmos y su neutralidad social. Podríamos definir un algoritmo como <>. Pero, ¿son los algoritmos realmente una cadena numérica solamente o inciden en el desarrollo ético del comportamiento humano? ¿Exclusivamente hacen su trabajo (en el periodismo sería ‘informar’) o inciden en la conformación de la opinión pública?

A nadie se le escapa la cantidad de algoritmos que pueblan nuestras vidas. Son ingentes. Los encontramos en multitud de situaciones cotidianas. Cantidad de desarrollos algorítmicos los vemos presentes a diario no solo en los ordenadores, en nuestros vehículos, en electrodomésticos, en los call centers, en la megafonía, en los sistemas de vigilancia…

Además, la inteligencia artificial (IA) se está introduciendo en un creciente número de tareas realizadas hasta la fecha por humanos. En ese nuevo escenario aparece, por ende, el machine learning donde las máquinas (el software que incorporan) van aprendiendo de sus errores, capacitándose mejor para próximas intervenciones. Es lo que Sherry Turkle ha definido como el ‘horizonte robótico’.

Quizás el concepto máquina no sea el adecuado para definir a todo ese complejo mundo de los robots y los cobots (cuando tienen entidad física), pero tenemos los denominados asistentes personales inteligentes. ¿Quién no conoce a Alexa, Siri o Cortana, por ejemplo?) o también a los bots sociales y los chatbots (cuando se trata exclusivamente de concretar paquetes informáticos). Todos ellos albergan algoritmos que permiten múltiples funciones. Incluso la interacción humana a través del lenguaje.

Muchos algoritmos se han diseñado bajo unas determinadas concepciones éticas… o en ausencia de ellas. Y ello es potencialmente peligroso. Estamos frente a un nuevo contexto de organización donde la sociedad necesita establecer un conjunto de reglas para gestionar la dinámica de esas creaciones y su afectación al comportamiento humano y al desarrollo social.

Ya se han alzado algunas voces que tratan de concretar jurídicamente la existencia de las personas electrónicas (por contraposición a las físicas y a las jurídicas), de tal manera que puedan ser dotadas de derechos y deberes. Ello posibilitaría, por ejemplo, la creación de impuestos y obligaciones tributarias, pero también la obligación de sus creadores de desarrollar algoritmos ‘con alma’, que respeten ciertas normas éticas, presentes en cada sociedad.

Hay que plantearse la necesidad de crear algoritmos que respeten las normas morales o éticas presentes en cada sociedad y en cada momento histórico. La pregunta fundamental no es si la ética pueda penetrar en el silicio, sino ¿cómo hacerlo? Y la respuesta está, como siempre, en manos de los humanos. Los programadores deben establecer códigos éticos en su comportamiento profesional. Y respetarlos. Al igual que hacen desde hace tiempo otras profesiones.

Para profundizar en el tema:

Monasterio, Aníbal (2017). Ética algorítmica: Implicaciones éticas de una sociedad cada vez más gobernada por algoritmos. Dilemata, 24, 185-217.
Sobre Sherry Turkle:
https://elpais.com/cultura/2012/03/21/actualidad/1332337561_848754.html

Calvo, Patrici; Osal, Cristian (2018). “Whistleblowing y datos masivos: monitorización y cumplimiento de la ética y la responsabilidad social”. El profesional de la información 27 (1), 173-184. http://repositori.uji.es/xmlui/handle/10234/174870
SEGURIDAD Y PRIVACIDAD EN BIG DATA: Retos y oportunidades (GDPR). http://planetic.es/sites/default/files/planetic/public/content-files/page/GDPR_y_BigData_Fidesol_0.pdf

Dr. Joaquín Marqués
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Politics and Policies. ¿Dónde ponemos el foco?

En una época donde se está produciendo en España un cambio generacional en el liderazgo de las organizaciones políticas también debería producirse otra evolución en la mente de los ciudadanos en torno a la comprensión de lo que supone la política, abandonando los viejos estereotipos y entendiendo cómo de manipuladora es la estrategia política basada en el espectáculo. El pan y circo de los romanos debería evolucionar hacía la valoración de los hechos y la rendición de cuentas.

En el mundo anglosajón diferencian entre politics y policies. El primer concepto se refiere al juego político como tal mientras que la segunda se contextualiza en las políticas públicas. Lo importante de la cuestión es determinar dónde establecemos el foco de atención: sobre cómo actúan los políticos (entendiéndolo en el complejo mundo del polientertaintment[1] que ya de por si daría para un artículo) o sobre sus propuestas de actuación, la plasmación de sus programas en planes y la medición de los resultados para su valoración (rendición de cuentas de sus responsabilidades y competencias).

En este proceso de cambio se debe prestar más atención al segundo concepto en detrimento del primero. Es la forma adecuada de valorar a un servidor público que es lo que, al fin y al cabo, debería ser un político. ¿Cuáles han sido los resultados de su labor como gestor público? Y aquí entran en juego los medios de comunicación que deberían apostar por difundir más las evaluaciones de las políticas públicas que rendirse al periodismo de declaraciones. Ello supone cambiar el foco de qué periodismo hacer y cómo hacerlo.

Poner el micrófono para unas ‘declas’ en medio de la calle o un pasillo, o asistir a una rueda de prensa, es una forma de periodismo que necesita menos cualificación que conocer de los análisis de resultados. ¿Cómo evaluar el Plan de cuidados de los trastornos mentales severos del Sistema Nacional de Salud? O ¿Cómo calificarlo? ¿O determinar si la inversión en el desarrollo de regadíos en el Bajo Cinca ha sido eficiente? Etc. Para ello el periodismo debe recurrir a profesionales con conocimientos más concretos. Seguramente con seniority (largos años de experiencia) y, con retribuciones bastante superiores a las que se pagan actualmente de media en el sector.

Frente a los programas del corazón, o concursos televisivos, seguramente se argumentará que el periodismo evaluador no consigue los mismos niveles de interés en las audiencias. No es cierto. Se trata de conseguir poner en el centro del debate público el tema en cuestión. Si en lugar de dedicar mucho tiempo a un suceso escabroso sobre un personaje famoso, un medio de comunicación apuesta por hablar sobre la falta de servicios hospitalarios para una determinada población, o la ineficacia en la supervisión de licencias de armas de fuego, por ejemplo, el interés que puede suscitar el tema en su público dependerá de la manera en que se sepa presentar. Y en conseguir que ese sea un tema de debate en el ágora pública. Nada nuevo que nos medios no separan hace o hayan hecho muchos otras veces antes.

Al final, que es lo que se busca ¿Una ciudadanía mejor informada o una ciudadanía más entretenida? Esa es la diatriba que debe solventarse es estos momentos de renovación y cambio. El resultado nos indicará el tipo de sociedad que tendremos.

Para más información sobre el tema consultar:

Hacker, Jacob S. and Pierson, Paul, (2009). The Case for Policy-Focused Political Analysis https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1471461

Medio, políticas y poder. https://elpais.com/elpais/2016/08/10/opinion/1470839487_841505.html

Iválua (Institut Català d’Avaluació de Polítiques Públiques). http://ivalua.cat

[1] http://sphera.ucam.edu/index.php/sphera-01/article/view/126

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Un decálogo para entenderse mejor

A menudo me pregunto, ¿qué debo hacer para comunicarme de manera eficaz con esa persona tan diferente, o que vive en una realidad paralela tan ajena a la mía? Para ello suelo utilizar unas normas que intentaré resumir en forma de decálogo.

La primera premisa es: tener paciencia. La opción contraria a las premuras de una sociedad actual, impregnada por la inmediatez y las prisas. La paciencia implica muchas veces ser tolerante y transigente.

La segunda es concretar lo más posible los hechos de la realidad circundante sobre los que podremos construir un contexto común de interlocución. Esta se une al tercer requisito: escuchar el doble de lo que hablamos es una condición para establecer diálogos productivos, alejándose de los monólogos encadenados.

Atender las conversaciones, las quejas y reclamaciones de los integrantes en la conversación (cuarto postulado) se ensambla con una característica que a veces resulta muy difícil de implementar: una apuesta por la humildad y la reflexión sobre los postulados propios como herramienta de la interacción con nuestros interlocutores (quinta recomendación).

Las percepciones de tus interlocutores deben ser analizadas. Para ello tenemos que profundizar en el conocimiento y desarrollar aquellas parcelas menos trabajadas. En séptimo lugar, reconocer que buena parte de la comunicación se desarrollar en el área no verbal. Hay que saber leer la gestualidad, lo que implica conocer las reglas de la prosémica y la kinésica como ciencias del comportamiento.

Aceptando las premisas anteriores, el octavo paso es entender que toda comunicación se desarrolla en entornos públicos y por tanto se hace necesario conocer las bases de las artes escénicas lo que conlleva estar al corriente de las características del entorno concreto donde se desarrolla la conversación y de los diversos escenarios alternativos posibles. Para ello se hace imprescindible apartar el miedo escénico de nuestro comportamiento superando las turbaciones que podamos tener interiormente.

El punto noveno consiste en saber dirigir la conversación, apuntando los temas de interés, pero ¡atención! sin erigirse en el centro. Para ello se usan técnicas como las preguntas neutras, los cambios de temáticas conversacionales, ampliando el círculo a nuevos interlocutores, etc.

Como último aspecto, que deviene en primero y principal y, de esa manera, se cierra el círculo, hay que tener claro y prefijados los objetivos que se pretenden lograr en toda conversación. Antes de iniciarla preguntarse ¿qué información pretendo obtener?

Todo ello se debe establecer en un entorno de comportamiento ético donde las malas prácticas, como la mentira o el engaño, deben estar ausentes.

En suma, ¿de qué sirve saber, si uno no sabe cómo comunicarlo? ¿de qué sirve tener la razón si no se sabe transmitir con eficacia? Por tanto, hay que dominar la escena, las palabras, el lenguaje no verbal… Todo ello se muestra como vital para obtener tus objetivos.

Dr. Joaquín Marqués
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Aterrizamos en la Era de la Singularidad… sin apenas darnos cuenta

“En 2019 un ordenador personal de mil dólares tendrá tanto poder como un cerebro humano” (Indocochea 2019: 113). Ello es consecuencia de que cada 18 meses se duplica la cantidad de transistores en un circuito integrado (Ley de Moore). Según esta escala, en 2029 ese mismo ordenador será mil veces más potente que un cerebro humano… al mismo precio.

Apenas sin darnos cuenta, estamos entrando en la Era de la Singularidad, donde la sociedad avanzará exponencialmente gracias al desarrollo de ciencias como la robótica, la nanotecnología, la Inteligencia artificial (IA) y la biotecnología. La diferencia con respecto a los robots o sistemas de IA ya existentes en la actualidad es que será el propio software que se mejorará a si mismo de manera recurrente, superando, de esa manera, la capacidad intelectual humana.

Este nuevo marco de singularidad va a generar profundos cambios en todos los ámbitos de la vida, desde el personal, pasando por el profesional/laboral, organizativo, familiar, etcétera, afectando a la comunicación humana y al nivel de relación. Aspectos que hoy nos sorprenden serán cotidianos. Por ejemplo, todos tendremos el don de lenguas gracias a los asistentes virtuales que automáticamente traducirán nuestras palabras a cualquier idioma.

Muchos de estos cambios son inimaginables hoy en día. Algunas voces ya apuntan un importante aumento de la longevidad de los seres humanos gracias a los tecnobiología. Aquello que hemos visto en películas tales como Transcendence o Autómata podrá ser una realidad. No está tan lejos. Está programado que ocurra en este siglo.

El concepto de singularidad fue popularizado por el matemático Vernor Vinge a principios de los ochenta del siglo pasado con su artículo “The Coming Technological Singularity: How to Survive in the Post-Human Era”. Pero quien usó por primera vez el término fue el físico John von Neuman a mediados del siglo XX.

De hecho, ya existe, desde 2008, una Universidad de la Singularidad en Silicon Valley (California), aunque sus cursos pueden seguirse también de manera on line. Definen su misión de esta manera:  educar, inspirar y capacitar a los líderes para aplicar tecnologías exponenciales para abordar los grandes desafíos de la humanidad.

La llegada de esas nuevas tecnologías de interacción persona-máquina ya está aquí. Los asistentes virtuales como Siri (para los usuarios de Apple), Speaktoit o Sherpa (para los de Android), ya los estamos usando. Entre los más populares: Cortana (de Microsoft), Alexa (de Amazon) o Aura (de Telefónica) que funcionan mediante la interacción vocal. Mis peticiones de búsqueda en Internet son de viva voz: “OK Google” le digo a mi Smartphone para activarlo. Y a continuación, le digo los conceptos de mi búsqueda. En milisegundos me ofrece un listado de opciones y, de viva voz, me lee la primera.

Como vemos, el desarrollo tecnológico avanza rápidamente. Sin embargo, queda pendiente el papel que deben desempeñar elementos humanos como la conciencia, la ética o la democracia para controlar los posibles abusos de este acelerado proceso. ¿Están las sociedades preparadas para semejante cambio?


Para profundizar en el tema:

Alejandro Indacochea (2017). Empieza la era de la Singularidad: Las Tecnologías que Cambiarán el Mundo. https://goo.gl/FpWQK1

Marité Salvat (2015). Crear el futuro. Buenos Aires: Ed. Dunken

Albert Cortina, Miquel Àngel Serra (2015). ¿Humanos o posthumanos? Barcelona: Fragmenta.

María del Mar Souto, Rafael Martínez-Cortiña (2018). 2025: Bienvenidos a la sociedad inteligente. Sevilla: Caligrama.

Sobre Aura:

https://elpais.com/tecnologia/2018/02/23/actualidad/1519381300_984071.html


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Por qué los CEO españoles no apuestan por su posicionamiento digital

os dirigentes empresariales, CEO en su acepción anglosajona (chief executive officer), en tanto que líderes de sus proyectos empresariales, deberían potenciar su presencia digital. Ello debería ser una de las habilidades estratégicas de los directivos de empresa en plena era digital. Una de las actividades digitales seria tener abiertos y activos perfiles digitales en las redes sociales de mayor difusión.

Esa presencia activa debe considerarse como un indicador más de una buena gobernanza, en el contexto de la RSE (responsabilidad social empresarial) y una apuesta por el liderazgo transformacional. A través de esas redes los CEO pueden establecer una mejor relación con sus diferentes stakeholders (denominados también grupos de interés) y una comunicación directa.

A la luz de la Nueva Teoría Estratégica (NTE) que concibe la estrategia como una ciencia de la relación y de la articulación social, la comunicación está convirtiéndose en un elemento central de las corporaciones.

Como resultado de esta apuesta, cuya herramienta principal es la comunicación, surge una estructuración de la organización más relacional. La estrategia – en este caso la empresarial – se perfila de una forma “más dialogante, negociadora, cooperativa y consensual” (Pérez-González, 2013: 30).

En ese contexto se ha realizado recientemente un estudio sobre la presencia digital de los CEO españoles en las principales redes sociales de nuestro entorno: Facebook, Twitter, Linkedin e Instagram. Se ha procedido a analizar si los principales directivos que dirigen las corporaciones empresariales presentes en el selectivo índice bursátil, Ibex 35, están activos en las referidas redes.

En relación a los presidentes de las compañías se observa que solamente el 23% (ocho) disponen de cuenta en Twitter y, de estas, permanecen activas el 14,2% (cinco), una cifra idéntica a la que se constata viendo la actividad del mismo colectivo en LinkedIn, aunque en esta red social el porcentaje de presencia es mayor, un 34% (doce cuentas). Otro dato inicial es que la utilización de Facebook es testimonial (8,6% que supone tres cuentas de las cuales dos son personales).

La investigación reseñada, que se realizó en 2017, decidió que, para categorizar a un presidente con una clara apuesta digital, tenía que disponer como mínimo dos cuentas abiertas en dos redes sociales y en ambas debía tener una presencia activa.

Con esas premisas, finalmente de los 35 candidatos seleccionados tan solo cuatro personas al frente de sus organizaciones cumplían esa condición: Ana Mª Llopis de DIA, Rosa Mª García de Gamesa-Siemens, José Mª Álvarez-Pallete de Telefónica y Antonio Huertas de Mapfre.

El estudio también analizó a los directores de comunicación de las 35 entidades ya que los directivos englobados en este tercer grupo tienen a su cargo la estrategia de la comunicación digital de su organización. La mayor parte de ellos, el 74,3% dispone de perfil en Linkedin, aunque solamente el 60% tienen actividad en su perfil. Los datos descienden en Twitter donde solamente 14 personas (40%) tienen cuentas, teniendo actividad casi todos menos uno. La ratio baja drásticamente hasta el 14,3% si la red que se analiza es Facebook y en todos los casos (5) se trata de cuentas personales donde no hay actividad de la corporación. Son una decena los dircoms que tienen presencia activa en, al menos, dos redes sociales.

La gran constatación de este trabajo es la muy escasa presencia de los máximos dirigentes empresariales en las redes sociales en comparación con la cantidad de ciudadanos que usan a diario estos canales de comunicación. Sin duda, no existe una concienciación sobre la conveniencia de apostar por esta vía. Sin duda queda una gran tarea por delante a los directivos españoles si el planteamiento de la organización es conseguir establecer un dialogo con sus audiencias desde la cúpula y de manera directa.

Para ampliar la información y mayor detalle de la investigación citada en el artículo, consultar:

http://www.revistalatinacs.org/17SLCS/2017_libro_2/062_Marques.pdf

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El gran valor de los intangibles

Desde hace cierto tiempo el mundo del fútbol, especialmente en Europa, está viviendo un proceso inflacionario, en relación con el fichaje de los jugadores.

La adquisición de muchos clubes por fondos de inversión de millonarios procedentes de países árabes, asiáticos, del Este de Europa o de Estados Unidos, junto a su interés de fichar excelentes jugadores, ha disparado el mercado.

En el nuevo escenario, muchos clubes han visto cómo sus estrellas le son arrebatadas a golpe de talonario sin poder hacer nada por intentar mantenerlos, frente a la capacidad económica de nuevos competidores que disponen de grandes tesorerías.

El pasado verano el F.C. Barcelona vio como el Paris Saint Germain, propiedad de un fondo de inversión catarí, Qatar Sports Investments, pagaba 220 millones de euros por hacerse con los servicios del brasileño Neymar. Sirven de bien poco las cláusulas de rescisión altas.

Opulentos empresarios como el dueño del Manchester City, el jeque árabe Sheikh Mansour, perteneciente a la familia que gobierna Abu Dhabi y con una fortuna estimada en 20.000 millones de euros; o el empresario chino Li Yonghong que adquirió a Silvio Berlusconi el C.F. Milan (Italia), por 740 millones de euros; o Stanley Kroenke, un multimillonario de Missouri, que pagó 900 millones de euros por el 66 % de las acciones del Arsenal de Londres… son solamente tres ejemplos de esta irrupción en el mundo del fútbol de las grandes fortunas mundiales.

Frente a esta situación clásicos equipos, como el Athletic de Bilbao, muy enraizados en sus territorios se ven impotentes para retener a sus jugadores, incluso jóvenes provenientes de las canteras de equipos inferiores, u otros aún en categorías juveniles son adquiridos por cantidades inasumibles por los clubes que los han formado.

La pregunta es clara. ¿Qué pueden hacer los dirigentes de esos equipos para no verse descapitalizados? Y es aquí donde el valor de los intangibles cobra dimensión. Sin duda hay que fortalecer el músculo financiero de la entidad, encontrando su nueva posición en el mercado. Pero muchos de los nuevos competidores no disponen del intangible que pueden tener algunos clubes con gran tradición.

Acabamos de ver un ejemplo claro de la utilización de intangibles como son el prestigio, la historia de la entidad, el entorno cultural, el clima deportivo, etcétera, para conseguir captar o retener valor.

EL F. C. Barcelona ha conseguido fichar a Philippe Coutinho gracias a que el jugador brasileño es un enamorado del club catalán. A pesar de ser propiedad del equipo de Anfield Road, del Liverpool F.C., propiedad de Fenway Sports Group, con el millonario norteamericano John Henry a la cabeza. El Liverpool no tiene problemas de dinero. Recientemente el conglomerado asiático China Everbright ofreció a Henry 800 millones de libras (930 millones de euros) por l compra del equipo inglés, oferta que fue rechazada.

El fichaje se ha conseguido gracias a la historia del club. Por su trayectoria, por los jugadores de su país que pasaron por el Nou Camp, por las figuras que juegan hoy en día. En suma, por un sentimiento. Por algo tan intangible como es un deseo. Ese algo aspiracional que construyó el Barça en la mente del jugador brasileño.

Por eso es de suma importancia cuidar los intangibles, potenciarlos, difundirlos… Y hacerlos conectar con los seguidores.

Referencias:

“La relevancia de los intangibles para la valoración y la gestión de empresas: revisión de la literatura” http://revistacomsoc.pt/index.php/comsoc/article/view/1185/1128

“Importancia y valoración de los intangibles: La percepción de los directivos”

http://www.redalyc.org/html/301/30113182002/

“Intangibles: activos y pasivos” http://www.redalyc.org/pdf/549/54900106.pdf

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Las enfermedades generadas por los smartphone

Con la integración de las TIC en la vida cotidiana, también hemos incluido en ella ciertas tecnopatías sin apenas darnos cuenta. El uso intensivo de las nuevas tecnologías, sobre todo de los aparatos con pantallas que irradian luz azul, están generando una serie de problemáticas en la salud, tanto física como mental, de sus usuarios. Son las llamadas tecnopatías algunas de las cuales generan, además, adicciones muy perniciosas.

Son situaciones que vivimos cada día en nuestro quehacer sin apenas darnos cuenta. ¿Quién no ha presenciado una reunión donde la mayor parte de los asistentes están más pendientes de su móvil que de la conversación? U otra muy habitual ¿Quién no ha vivido la sensación de estar desamparado por haberse dejado el smartphone en casa, o por no tener conexión durante un rato? Conductas que generan irritación, a uno mismo o en las personas de nuestro entorno. Son comportamientos que generan trastornos. Los psicólogos están viendo como cada día se presentan más casos de estos en sus consultas.

Este tipo de tecnopatías son enfermedades generadas por el mal uso, o abuso, de la tecnología. Algunas son de tipo más físico como el síndrome de túnel carpiano, u otras alteraciones musculoesqueléticas, producidas por acciones reiterativas en el uso de terminales o periféricos. Pero otras conllevan asociados episodios de ansiedad y desarreglos neuronales. Entre las más habituales podemos destacar: la nomofobia, el síndrome de sueño insuficiente, el phubbing: el síndrome de la vibración fantasma…

En muchas ocasiones ni tan siquiera somos consciente de estas padeciendo esas enfermedades. La más clásica, la nomofobia. El concepto proviene de abreviar la expresión inglesa ‘no-mobile-phone phobia’, o fobia a ir sin móvil. Se detecta cuando asociamos un aumento del nerviosismo interior, incluso de angustia, a no llevar el smarphone, o bien, a la imposibilidad de usarlo (por diversas causas).

Las adicciones son de diverso tipo. El concepto phubbing (formado a partir de phone y snubbing o desprecio) consiste en restar atención a quien nos acompaña al prestársela más al móvil u otros aparatos electrónicos que a su persona (Barrios, 2017). Una variante de la anterior la encontramos en muchas personas que no pueden evitar interrumpir una conversación al recibir una llamada o un mensaje, con el impacto que ello genera, incluso irritación, en los interlocutores.

Otra patología es el síndrome del sueño insuficiente. ¿Sabemos cómo afecta a la salud la luz azul de las pantallas de los smartphones y tablets? Altera los ciclos de descanso. Incide en una menor producción de melatonina, por ejemplo, la hormona que induce el sueño. El síndrome del sueño insuficiente es consecuencia del uso de esos terminales poco tiempo antes de irse a dormir. Otra consecuencia de la iluminación LED de esas pantallas, sobre todo de las longitudes de onda de luz de menor banda (luz azul), es la producción de daños en células del epitelio pigmentario de la retina (Chamorro et altri, 2012: 37) dañando los ojos.

Otra alteración neuronal. La percepción (errónea) que la vibración del móvil se siente en alguna parte de nuestro cuerpo, sin que se active realmente, es otra conocida como el síndrome de vibración fantasma. Ocurre porque los receptores de la piel se hipersensibilizan por el estímulo frecuente de la vibración del teléfono. Hay numerosas hipótesis sobre las causas del síndrome de vibración fantasma. Algunas sostienen que “el cerebro se ha condicionado a escuchar las vibraciones de manera tan frecuente que las mismas vías neuronales se activan incluso cuando no lo hace. Es como cuando se escucha una canción por repetidas horas o días. Esta se reproduce en nuestra mente, aunque el estímulo auditivo haya cesado” (Tuirán, 2016).

Como vemos, son muy variadas las enfermedades tecnológicas que surgen al amparo de la sociedad digital. La prudencia, nunca mala consejera, debería guiar la utilización de las TIC. Todo en su correcta medida.

Referencias:

E. Chamorro, C. Bonnin, L. Lobato-Rincón, J. Navarro-Valls, G. Ramírez-Mercado, C. Navarro-Blanco, y C. Sánchez-Ramos. (2012). Daño ocular causado por dispositivos LED. Seguridad y Medio Ambiente, 128, 36-41.

D. A. Barrios, V. A. Bejar, V. S. Cauchos (2017). Uso excesivo de Smartphones/teléfonos celulares: Phubbing y Nomofobia. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 55 (3), pp. 205-206.

C. Tuirán (2016). Tecnología digital y tendencias en los procesos humanos de memoria y aprendizaje. QUID 27, pp. 75-84.

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